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diciembre 21, 2009

La Risa en la Ética Medieval

Este texto está copiado del trabajo expuesto por el Lic. Javier Martín Camacho: "La Risa y el Humor en la Antigüedad".

En latín no se conservan dos palabras diferenciadas como en griego o hebreo, aunque
obviamente sí las diferentes significaciones, nosotros que heredamos la palabra risa del latín
‘rīsŭs’, tenemos entonces que hacer la distinción entre ‘risa positiva’ y ‘risa negativa’ o lo que
algunos teóricos del humor (Fry, 1977) señalaron como risa en su aspecto bueno y malo.
Si bien en griego hay una palabra equivalente a nuestra ‘sonrisa’, a nivel etimológico el
mayor aporte latino viene de una palabra derivada de ‘rīsŭs’, que es ‘sǔbrīdēre’, ‘sonreír’, esta
palabra acabó difundiéndose aunque no sin dificultades, durante mucho tiempo ‘subrīsŭs’ no
significó ‘sonreír’, sino ‘reírse para sus adentros’, o ‘risa secreta’. Se convirtió en ‘sonrisa’
cuando cambiaron los valores y comportamientos (quizás en el Siglo XII), por eso cabe pensar
que la sonrisa fue una creación medieval (Le Goff, 1994).

Siguiendo el planteo de este mismo
autor podemos decir que en las primeras Reglas Monásticas del Siglo V, las referencias a la
risa se encuentran en el capítulo dedicado al silencio, en las Taciturnitas se lee: “La forma más
terrible y obscena de romper el silencio es la risa, si el silencio es virtud existencial y
fundamental de la vida monástica, la risa es gravísima violación”.


Para San Benito, a partir del Siglo VI, la risa es contrapuesta a la humildad, ya
abandona el ámbito del silencio y es ubicada como algo contrario a la humildad y caridad
cristiana. En el Siglo VI, en la Regula Magistri, en el capítulo en donde se hace referencia al
cuerpo humano se menciona a la risa de la siguiente manera: “Cuando la risa está por estallar
hay que prevenir, sea como sea, que se exprese. O sea que, entre todas las formas malignas de
expresión, la risa es la peor.”.

Existe una estrecha conexión entre esta idea de censura a inicios
de la Edad Media y el tema central de la excelente obra “El nombre de la rosa” de Eco, la cual
transcurre casi en los albores de la Modernidad, en una abadía benedictina. En esta novela
histórica, política, filosófica, de intriga, suspenso y hasta podría entenderse anacrónicamente al
menos en lo que respecta al tiempo de la historia como género policial, entre muertes y raros
eventos, se relata la pérdida de un manuscrito atribuido a Aristóteles en donde El Filósofo,
como fue conocido en la época escolástica medieval, trataba el tema de la comedia y el
particular lugar de la risa. El supuesto libro perdido que protegía el ciego Jorge era el Segundo
Libro de la Poética de Aristóteles.