Advertencia
Bienaventuranzas de Sir Thomas More
diciembre 21, 2009
La Risa en la Ética Medieval
En latín no se conservan dos palabras diferenciadas como en griego o hebreo, aunque
obviamente sí las diferentes significaciones, nosotros que heredamos la palabra risa del latín
‘rīsŭs’, tenemos entonces que hacer la distinción entre ‘risa positiva’ y ‘risa negativa’ o lo que
algunos teóricos del humor (Fry, 1977) señalaron como risa en su aspecto bueno y malo.
Si bien en griego hay una palabra equivalente a nuestra ‘sonrisa’, a nivel etimológico el
mayor aporte latino viene de una palabra derivada de ‘rīsŭs’, que es ‘sǔbrīdēre’, ‘sonreír’, esta
palabra acabó difundiéndose aunque no sin dificultades, durante mucho tiempo ‘subrīsŭs’ no
significó ‘sonreír’, sino ‘reírse para sus adentros’, o ‘risa secreta’. Se convirtió en ‘sonrisa’
cuando cambiaron los valores y comportamientos (quizás en el Siglo XII), por eso cabe pensar
que la sonrisa fue una creación medieval (Le Goff, 1994).
Siguiendo el planteo de este mismo
autor podemos decir que en las primeras Reglas Monásticas del Siglo V, las referencias a la
risa se encuentran en el capítulo dedicado al silencio, en las Taciturnitas se lee: “La forma más
terrible y obscena de romper el silencio es la risa, si el silencio es virtud existencial y
fundamental de la vida monástica, la risa es gravísima violación”.
Para San Benito, a partir del Siglo VI, la risa es contrapuesta a la humildad, ya
abandona el ámbito del silencio y es ubicada como algo contrario a la humildad y caridad
cristiana. En el Siglo VI, en la Regula Magistri, en el capítulo en donde se hace referencia al
cuerpo humano se menciona a la risa de la siguiente manera: “Cuando la risa está por estallar
hay que prevenir, sea como sea, que se exprese. O sea que, entre todas las formas malignas de
expresión, la risa es la peor.”.
Existe una estrecha conexión entre esta idea de censura a inicios
de la Edad Media y el tema central de la excelente obra “El nombre de la rosa” de Eco, la cual
transcurre casi en los albores de la Modernidad, en una abadía benedictina. En esta novela
histórica, política, filosófica, de intriga, suspenso y hasta podría entenderse anacrónicamente al
menos en lo que respecta al tiempo de la historia como género policial, entre muertes y raros
eventos, se relata la pérdida de un manuscrito atribuido a Aristóteles en donde El Filósofo,
como fue conocido en la época escolástica medieval, trataba el tema de la comedia y el
particular lugar de la risa. El supuesto libro perdido que protegía el ciego Jorge era el Segundo
Libro de la Poética de Aristóteles.
septiembre 26, 2009
Las Faltas de la Iglesia

Los obispos se hicieron señores, y el Papa fue rey; y, como de su parte estaba la mayor ilustración y moralidad, con el tiempo se aumentaron su poder político, su prestigio y sus riquezas, hasta el punto de pertenecerle en Alemania la tercera parte del territorio, en Inglaterra la quinta parte, sucediendo lo mismo, poco más o menos, en las otras naciones.
Pero, con la prosperidad, vino, naturalmente, la corrupción, la afición a los goces y comodidades, y el olvido de la pureza de vida y de costumbres de los primeros cristianos; y el pueblo, abandonado a su propia ignorancia, convirtió la religión en un conjunto de prácticas supersticiosas, de creencias absurdas, de falsas reliquias y milagros, cuidándose poco el Clero de su mejoramiento moral mediante la imitación de las virtudes evangélicas.
No sería justo condenar a la Iglesia por haber emprendido aquel camino en la Edad Media, porque, en verdad, era el único conducente al bien de la humanidad. Si se hubiera aislado de los bárbaros, no hubiera podido influir sobre ellos, ni ejercer su altísima misión de civilizarlos. Si despues de esto vinieron, naturalmente, la relajación y las riquezas, tampoco se puede culpar a la Iglesia, que, por medio de los pontífices más caracterizados de aquellos tiempos, procuró de todas maneras, aunque inútilmente, arrancar de raíz aquellos males, y restablecer la pureza de la disciplina, como se había mantenido en los primeros siglos del Cristianismo y hasta muy entrada la Edad Media.
Altos dignatarios y doctores de la Iglesia, en defensa de esta institución cristiana, clamaban por la moralización de ese Clero, predicaban el retorno a la pureza de costumbres, anhelaban tambien una reforma.
Preclaros varones dejaron sentir su voz. Así en el siglo XII San Bernardo exclamaba: "Quién me diera ver, antes de morir, la Iglesia de Dios como estaba en los primeros tiempos."
En el concilio de Viena (1311), "un obispo eminente expuso a la asamblea que era necesario reformar la Iglesia en su cabeza y en sus miembros."
El Papa Eugenio IV (1431 - 1447), escribía a la dieta de Nüremberg: "Sabemos que en la Santa Sede ha reinado una gran corrupción por mucho tiempo; y que el mal se ha transmitido de la cabeza a los miembros, del Papa a los sacerdotes, por eso queremos reformar primero nuestra sede, de donde quizá se origine todo el mal."
La necesidad de reformar a la Iglesia de Cristo era, pues, un vehemente anhelo no sólo de elementos extraños al Clero, sino de muchos ilustres ministros y varones de Dios.
Por otra parte, habían contribuido también a mermar la autoridad y prestigio de la Iglesia, las ambiciones al solio pontificio (al cargo de Papa) que dieron como resultado el Gran Cisma o Cisma de Occidente que, habiendo comenzado en 1378, originó la existencia en la Edad Media de hasta dos Papas a la vez. En Roma y en Aviñón (Francia), poniéndose en duda la autenticidad de los mismos.
Restaron, asi mismo, unidad y fuerza a la Iglesia, las querellas surgidas entre los Concilios (asambleas de obispos) y los Papas. Muchos defendían la superioridad del Concilio sobre la autoridad del Santo Padre. Tambien estimularon las críticas al Clero las riquezas y el lujo desmedido de los mismos, contrarios a la sencillez, humildad y pobreza cristianas. Además, fueron el blanco de los ataques los desórdenes de la simonía (venta de cargos eclesiásticos) y la concesión inmoderada de indulgencias (también a cambio de favores económicos).
El Poder Político de la Iglesia

El espíritu religioso estuvo fuertemente arraigado en la Edad Media. Los hombres no tenían más ideales, más aspiraciones ni más preocupaciones que ser buenos católicos y esperar, finalmente, una recompensa en el cielo. No les interesó los problemas del hombre, del mundo ni de la vida. Debian cumplir sólo con los sacramentos de la Iglesia: bautismo, confirmación, matrimonio, confesión, ete. Las guerras de las Cruzadas y el arte, son, precisamente, la expresión del intenso fervor religioso que imperó en la Edad Media.
El poder de los Papas quedó consolidado, cuando éstos hiciéronse de territorios y formaron en ellos los llamados Estados de la Iglesia. La autoridad de los jefes de la Iglesia continuaba, asi, siendo grande; pero surgieron razonamientos y conflictos entre éstos y los reyes por las cuestión de las investiduras, o sea la facultad de nombrar a las autoridades eclesiásticas. Los reyes, se creían con el derecho de continuar designando a los obispos, arzobispos, etc.; pero los Papas, reclamaron para sí tal prerrogativa; entonces, se produjeron prolongadas luchas. Finalmente triunfó la Iglesia, pues, los únicos que, en adelante, tendrían dicha facultad serían los Papas.
septiembre 24, 2009
La Iglesia y el Orden

1. Por la unidad, disciplina y organización del Clero. Los miembros del Clero se mantenian unidos y organizados jerárquicamente. El supremo jefe era el Papa, luego venían los cardenales, arzobispos, obispos, vicarios, párrocos y curas.
2. Por su obra cultural y social. El Clero era la única clase ilustrada; sus miembros dirigían las escuelas, los colegios y, posteriormente, las universidades. Los valores de la cultura greco-romana, el arte y la ciencia, se salvaron, precisamente, en las iglesias y en los conventos. Y, desde el punto de vista social, la Iglesia se unía íntimamente a la vida del hombre, ya mediante la educación o ya mediante obras de beneficencia.
3. Por sus luminosas enseñanzas morales, espirituales y humanas, que constituyen el sólido fundamento del cristianismo.
4. Por la íntima cooperación entre la Iglesia y los reyes. Las dos fuerzas y poderes más grandes de la Edad Media estuvieron personificadas en el Papa y el Rey. El poder espiritual y el poder civil o material.
5. La excomunión. Poderosa arma empleada por la Iglesia, para combatir a sus enemigos. El excomulgado, era tratado como un ser maldito, excluido y rechazado por la sociedad. Nadie deberia establecer contacto con él. En el templo, el obispo leía la sentencia de excomunión que terminaba así:
"Que sea maldito en la ciudad, que sea maldito en el campo; malditos sean sus graneros, sus cosechas y sus hijos. Que se apague la luz de su vida por una eternidad a menos que se arrepienta."
Hasta los mismos reyes excomulgados, vieron minada su situación debido a los efectos de tan temible arma.
Por otra parte, las grandes riquezas que poseía la Iglesia contribuyeron tambien a acrecentar su autoridad y poder en la Edad Media.
septiembre 13, 2009
El Importante Papel de la Iglesia

Si la Iglesia pudo desempeñar en la reconstrucción del mundo un papel tan importante, fue merced a su poderosa organización que le permitió triunfar de todos los obstáculos, tanto religiosos como políticos y raciales. Esa organización centralizada alrededor del Papa, mantuvo su fuerza durante toda la Edad Media merced a su unidad. La autoridad del Papa, obispo de Roma, fue respetada por todos los demás obispos y por los fieles. A él se acude cuando aparece alguna herejía. Sus representantes presiden los concilios.
"Roma ha hablado, el asunto esta acabado"
dice San Agustín refiriéndose a la condenación del pelagianismo (herejía de Pelagio que negaba el pecado original).
septiembre 11, 2009
{APOLOGÍA DE LA IGLESIA}
Mucho se ha hablado en los años contemporáneos acerca de la Iglesia Católica Apostólica Romana, denostándola, tachandóla de represora de las ideas, castigadora de la libertad y causante del letargo de las ciencias durante la Edad Media, achacándole culpas exageradas y responsabilidades que en realidad no posee. Todas estas opiniones equivocadas obedecen a dos causas principalmente.
La primera causa, a la voluntad y animadversion, a sabiendas o inconsciente, de hombres y mujeres doctos e ilustrados, que a partir del siglo XVIII, pero principalmente durante los siglos XIX y XX, se dedicaron a atacarla y difamarla, imputándole infamias y supuestos "crimenes" contra el hombre. Asi, estas personas señalan a la Iglesia como un ente arcaico, inútil y perjudicial para el desarrollo del ser humano.
Estas ideas son impulsadas por su odio o antipatía a la Iglesia, lanzando postulados que quieren elevar a la categoría de doctrinas para el "progreso" de la humanidad. Todos sus ataques filosóficos son empujados por su odio a la Iglesia Católica y al ser llevados por esta tendencia, pierden objetividad en sus aseveraciones. Estas personas lanzan sus ataques muchas veces desconociendo la realidad historico-global de los tiempos pasados y sin ponderar correctamente toda la herencia cristiana, que, como veremos más adelante, en realidad es la que construyó el terreno cultural que hizo posible que desde entonces y ahora estos opositores puedan elevar sus banderas de la racionalidad y no se hallen en la ignorancia del saber y el desorden de la incivilización.

Cruz celta. Por su separación del continente, Irlanda fue el más importante centro cristiano de protección de la sabiduría del mundo occidental durante la Alta Edad Media.
La segunda causa, responde al ambiente actual de consolidación y auge de las ideas filosóficas-ideológicas-doctrinarias sociales y políticas donde la libertad individual ocupa un lugar tan importante. Las personas de hoy, acostumbradas a este sistema contemporáneo, al mirar hacia los tiempos pasados pueden creer que las críticas maliciosas que se han hecho contra la Iglesia tienen razón. Pero el ambiente de hoy y el de aquel tiempo eran sustantivamente diferentes, en lo geográfico, científico, filosófico, académico, cultural, social, militar, económico, político, religioso y en la misma opinión, pensamiento y sentir de los hombres.
Se trataba de realidades distintas, y pretender juzgar aquellos tiempos con la óptica presente y sin conocer la naturaleza completa de todos los hechos y elementos que constituyen ese período y su mentalidad, es casi un absurdo. Pretender condenar el proceder tomado por toda una sociedad en un determinado momento de auge filosófico-ideológico-doctrinario teniendo por juez al ideario filosófico-ideológico-doctrinario de hoy es simplemente absurdo. Es como si juzgáramos negativamente a un diestro herrero de la centuria del 1500 por "preferir" ganarse la vida moldeando el acero en lugar de dedicarse en adelantarse a descubrir la teoría de la gravedad de Newton. Pretender que tal herrero haga lo segundo es un absurdo, porque el herrero no conoce ni tiene suficiente preparación de las ciencias matemáticas y físicas para aplicarse a ello, y aunque lo tuviera, las necesidades prácticas de su situación social y económica no le permitirían hacerlo, pues debe preocuparse de ganarse el sustento diario. Para tal herrero lo más natural es laborar como herrero, tal como para la sociedad medieval lo más natural fue desenvolverse en sus manifestaciones típicamente cristiano escolásticas medievales. No se trataba de una "eleccion", no es que la Iglesia eligió e impuso ese sistema a la sociedad, sino que la sociedad misma, en todo su conjunto, estaba actuando de acuerdo a lo que era más natural y lógico para ella.
La Iglesia Católica constituyó un gran centro de saber y cultura provechosa para el hombre durante toda la Edad Media. Gracias a ella se evitó que el ocaso de las civilizaciones griega y romana acarrearan la extinción para siempre de sus conocimientos. Luego de la desaparicion del Imperio Romano de Occidente y las invasiones bárbaras del norte de Europa, se corría el riesgo del fin completo y definitivo de la sabiduria alcanzada, e iniciar el occidente una nueva era sin ningun legado del saber anteriormente alcanzado, partiendo desde un verdadero desamparo de conocimientos. Lo común hubiese sido que tras desaparecer la civilización greco-romana, ésta se haya perdido para siempre con todas sus creaciones y logros del saber humano. De haber sucedido asi, habría significado un verdadero partir de cero para el mundo de occidente, que debería redescubrir todo de nuevo, acarreándose un desarrollo aún mas lento que el que experimentó en la Edad Media.
Ejemplos existen, tales como la desaparición casi total de la sabiduría de los antiguos egipcios, creadores de una de las civilizaciones más desarrolladas de la historia; la extinción de la civilización mesopotámica, auténtico núcleo de produccion de cultura avanzada de la antigüedad en oriente. Muchos hombres exhaltan los logros de la Grecia y Roma clásicas, tales como la democracia, las leyes, artes y ciencias, y señalan a la Iglesia medieval como un retroceso en el progreso del hombre. Estos críticos olvidan o no quieren mencionar que fue precisamente la Iglesia, occidental y oriental, la que salvaguardó estos conocimientos de su extinción y perdida inminentes, haciendo de vía para que nos llegasen a nosotros. Cuántas maravillas del saber de los faraones se habrán perdido para siempre, sepultadas en las arenas de Egipto? Cuántas las excelentes obras culturales desaparecidas bajo las ruinas de las espléndidos imperios de Asiria, Babilonia y Persia? Cuánto el conocimiento valioso condenado al olvido oculto por la ignorancia de escritura de los Celtas europeos? Quién sabria algo de las cosmovisiones nórdicas a no ser por la pluma de los clérigos medievales de Islandia, que las pusieron por escrito? La recuperación de datos que se ha obtenido de aquellas civilizaciones extinguidas a través de la arqueología no puede alcanzar a cubrir su verdadera magnitud, pues esa recopilación esta basada en la conjetura y la re-construccion metódica de los elementos dispersos, como un complejo rompecabezas de miles de piezas que ha perdido cientos de ellas, que nunca llegará a hacer una comprensión exacta y completa de su verdadera realidad y naturaleza. Aquello en modo alguno puede compararse con el saber greco-latino, que nos ha sido legado por la Madre Iglesia a traves de los siglos, con conocimiento vivo y experenciado por sus propios hombres, quienes a finales del Imperio Romano estaban empapados de la cultura helenística y latina, habiendo coexistido y relacionado con los auténticos protagonistas, representantes y depositarios de tales culturas.
La Iglesia fue también la que sentó las bases fundamentales para que el mundo occidental pudiera disponer de los elementos necesarios para la eclosión y desarrollo de conocimientos producidos a partir del Renacimiento y la Edad Moderna. Fueron los monasterios quienes guardaron los registros de los grandes sabios de la antigüedad, mientras los señores feudales se enfrentaban en guerras. Los primeros hospitales fueron creados en el medievo por los religiosos cristianos y las escuelas y universidades fueron fundadas por obra de hombres eclesiásticos medievales.
agosto 15, 2009
+♥(LA IGLESIA DE CRISTO)♥+


abril 13, 2009
Oda del Lamento

cuantas veces deseé hacer
cumplir, acatar, llevar
cual parte mía, tus normas
tus preceptos, mas mi corazón
agobiado ante la adversidad
incapaz se siente de alcanzar
siquiera un poco de tu gracia.
Oh, si pudierais quitarme esta
carga que atribula mi espíritu,
espíritu que quiere servirte.
Mas día a día comprueba
su devoción destruida por
los pesares en el corazón,
en el cuerpo, cuerpo frágil
y terrenal, que sufre también
en esta debilidad, en esta incapacidad
para librarse de los escollos
que en esta vida tengo,
escollos que convierten
en dolores, las dificultades
por hacer lo que mi corazón
me pide, mas mis lamentos
no cambian mi estado.
Oh, cuánto desearia,
liberarme de aquellos pesares,
servirte con ánimo dispuesto,
con voluntad férrea, con espíritu
calmo, como mi espíritu quisiera ser.
febrero 04, 2009
Canto al Paso
Vedlas, las móviles revueltas
del corazón humano, que ha llegado
a deshacer las nobles promesas
que en buen juicio al deber hicieron
convirtiendo en toscas asperezas
las suaves invitaciones al apostolado
del honor, la justicia y el valor.
enero 03, 2009
◘CANTO GREGORIANO◘
Llamamos canto gregoriano al repertorio musical constituido por cantos que se usan en los oficioslitúrgicos de la Iglesia Catolica Romana. La tradicion liturgica de la Iglesia nos ha legado un conjunto de piezas vocales y monodicas compuestas a partir de palabras latinas de los textos sagrados. Por eso, el canto gregoriano ha recibido a menudo el nombre de Biblia cantada. Intimamente relacionadas con la liturgia, las melodias gregorianas tienen como finalidad ayudar al desarrollo espiritual del hombre para comprender mejor y vivir mas intensamente el don de Dios y la coherencia incomparable de la fe cristiana.
En la segunda parte del siglo VIII, el soberano del reino franco (Carlomagno) decreta que se adopten las costumbres liturgicas romanas que el ha podido apreciar en la ciudad eterna.
El texto manuscrito de los cantos romanos fue tomado como texto de referencia. En general, el canto romano y su arquitectura modal fueron aceptados por los musicos galicanos (de Galia, actualmente Francia), pero estos lo vistieron con una ornamentacion completamente diferente.
Este resultado hibrido de los cantos romanos y galicanos es lo que llamamos hoy canto gregoriano.
Al principio, el canto gregoriano puede parecer monotono. En verdad, tal vez desconcertante para nuestros oidos modernos acostumbrados a otras musicas quiza mas espectaculares pero a menudo menos profundas. En realidad, el repertorio gregoriano es un mundo complejo que reune varios siglos de la historia de la musica. Es un mundo contrastado que va uniendo misteriosamente el entusiasmo y la interioridad mas delicada. Un mundo de paradojas donde la musica se dilata y llega a su perfeccion en el silencio. Haciendo click en este enlace puede escuchar una muestra http://homepage.oninet.pt/862mch/rsetg.asx
HISTORIA
El origen de la antigua música eclesiástica, con carácter de monodia, cantada en la liturgia del Rito Romano bajo el nombre de Canto Gregoriano, se remonta a un pasado lejano. El nombre tradicional se deriva de el del Papa Gregorio el Grande (hacia el año 600). Gregorio I, fue Doctor de la Iglesia. Cursó leyes y hacia el año 570 obtuvo el cargo de praefectus urbis. Se retiró después a su propia casa, la cual convirtió en cenobio. En el año 578 se ordenó sacerdote y en el 590 fue elegido Papa; tuvo que hacer frente a una gran crisis por haber fracasado la restauración de Justiniano. Fue el primer pontífice que con su revisión pastoral y su reforma se abrió al mundo germánico. Debido a un dato aportado por su biógrafo, se admitió más tarde y de manera generalizada, que este Papa no sólo había pulido y arreglado el repertorio musical de la antigua música eclesiástica, sino que incluso fue él mismo autor, bien en parte o bien totalmente, de numerosas melodías. Fueron sus obras: pastorales, Regula pastoralis; hagiográficas, Libri quattuor dialogorum; y homilíticas Homiliae 22 in Ezech, y Homiliae 40 in Evang. En su iconografía se le representa frecuentemente escribiendo bajo el dictado e inspiración del Espíritu Santo, que aparece simbólicamente en forma de paloma situada cerca de su oído.
Sin embargo, el Canto Gregoriano que en la actualidad podemos encontrar recopilado en varios volúmenes y formando un todo unitario, no es obra de un solo hombre ni siquiera de una sola generación. El conocimiento que poseemos de la historia y del origen de las melodías eclesiásticas está lejos de ser profundo ya que apenas han llegado hasta nosotros algunos pocos manuscritos anteriores al siglo IX. Afortunadamente, el estudio comparado de los viejos textos y de las formas litúrgicas ha arrojado nueva luz sobre este tema. Los graduales y las antífonas actuales contienen todos los cantos correspondientes al año eclesiástico, pero el orden en el que se nos presentan, no nos indica de qué períodos proceden las diferentes melodías ni tampoco a qué cambios han estado sometidos y cómo se han producido en el transcurso de los siglos.
El cristianismo no rompió nunca con las formas culturales que ya existían en el momento de su aparición. Lo que hizo fue retomarlas y, solamente en caso de necesidad, adaptarlas para su propio empleo. El lenguaje y el arte del medio cultural se pusieron al servicio de la propagación del nuevo mensaje religioso. De este modo, los primeros cristianos utilizaron, sin duda, las melodías que previamente conocían.En Jerusalén y sus alrededores, donde se sitúa la zona en la que surgieron los primeros cristianos organizados, existían dos culturas, una al lado de otra, y también entremezcladas: la cultura tradicional puramente judía que tenía expresión en el templo y en los servicios de las sinagogas y la cultura de la civilización helenística que había surgido en los últimos siglos antes de Jesucristo y que se extendía por los países de la cuenca del Mediterráneo (desde Alejandría en Egipto, hasta Roma). Esta cultura creó un lenguaje común, el llamado griego helenístico, y en ella se fundieron otras varias culturas propias de los diferentes pueblos que formaban parte de este mundo tan amplio y variado. La liturgia de Roma -que se celebraba, en principio, en lengua griega y a partir del siglo IV ya en latín-, empleaba palabras de origen hebreo procedentes de la época anterior a Cristo, como "Hosanna", "Aleluya", "Amén", y también palabras griegas como "Kyrie eleisson" y "Agios" o "Theos".
La música primitiva proviene, esencialmente, de las sinagogas judías. Carecemos de datos acerca de la antigua música helenística para poder constatar sus huellas o su influencia sobre la música cristiana. En la liturgia cristiana podemos detectar, por el contrario, el claro influjo de la liturgia judía, como, por ejemplo, la plegaria que se entona cuando se enciende la lámpara a la caída de la tarde (Vísperas) "Deus in adjutorium meum intende. Domine ad adjuvandum me festina", o la santificación de las horas en los oficios (Primas, Tercias, Sextas y Nonas). Desde la salida hasta la puesta del sol, los antiguos cristianos dividían el día en doce horas.La alternancia de la lectura de los textos de la Sagrada Escritura y de los cantos se ha conservado a través de los siglos, al igual que persona de mayor rango entre las presentes dirija los rezos y que el diálogo establecido entre este "presbyteros" (sacerdote) y el pueblo (congregación), sea contestado por éstos últimos, siempre sobre sencillos motivos. El cantante solista mantuvo su importancia entre los primeros cristianos. En Occidente, su papel fue poco a poco siendo asumido por la "schola" (un pequeño grupo de cantores elegidos), y aquí reside la razón de la paulatina decadencia y posterior abandono de la florida ornamentación original de la melodía ( trinos, etc).
Debido a su origen en las sinagogas, el Canto Gregoriano fue, en su principio, exclusivamente vocal. Los etíopes y los coptos todavía utilizaban los antiguos instrumentos de percusión tal y como se menciona en los salmos y que en los cultos de la antigüedad tan sólo eran utilizados en el templo de Jesuralén. Habría de transcurrir mucho tiempo antes de que el órgano hiciese su aparición en las iglesias occidentales; en Oriente, por el contrario, este instrumento se empleó en las festividades profanas.Durante los siglos que siguieron, el órgano encontró su verdadero lugar en los templos, acompañando, incluso, a la música Gregoriana que, en principio era, como antes apuntamos, únicamente de carácter vocal. Para unos, el verdadero Canto Gregoriano debe conservar esta forma desnuda de interpretación vocal sin acompañamiento, mientras que otros afirman que es conveniente el órgano y no desean ser privados de un acompañamiento que se les ha hecho tan familiar.
En Occidente surgieron dos nuevos factores que determinaron poderosamente el curso de la música religiosa. Uno de ellos fue la oposición de la Iglesia Romana al excesivo empleo en las funciones litúrgicas de los himnos; el otro fue el cambio que sufrió la lengua de la liturgia con el paso del griego al latín, lo cual supuso que a partir del siglo IV hubiese que re-traducir los salmos a prosa latina. A partir de estos momentos, al mantener la línea melódica solista con carácter improvisatorio, que con frecuencia hacía uso de temas tradicionales, es posible encontrar de nuevo la expresión libre de los sentimientos descritos en los textos de los salmos, sentimientos de alegría, de serenidad, de arrepentimiento y de paz, de odio y de amor, es decir, todos aquellos sentimientos en los que los salmos son tan abundantes. Es aquí donde encontramos el verdadero fondo de la riqueza antifonal del repertorio que pertenece al Canto Gregoriano, muy en particular los cantos que acompañan ciertas partes de la celebración eucarística (misa): el Introito, el Ofertorio y la Comunión. El Canto Gregoriano constituye una auténtica fuente de inspiración para el libre desarrollo de la melodía y la expresión emocional de la música occidental.